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Tenía una exposición de Mercadotecnia Internacional en la Universidad. Mi grupo y yo, nos reunimos en uno de lo laboratorios a preparar la exposición, y terminar de coordinar, los puntos a exponer.
Llegué unos 13 minutos tarde, y al ponerme al tanto, supe que una de mis compañeras ya se había retirado a comer algo, luego de admitir que no se sabía nada. Y luego sucedió algo que era más terrible: Nunca regresó.
Minutos antes de la clase me envió un mensaje de texto, que decía:
“Lo siento no podré llegar a la exposición, tengo un problema”.
Pasé el celular, a las demás para que leyeran el mensaje. Una de ellas dijo:
Y ahora ¿qué vamos a decirle a la profesora?
-Oh, digámosle que no pudo venir porque se le murió un pariente. Dijo otra.
Pasó la exposición, pero nunca supe qué le dijeron a la maestra.
La siguiente clase, horas antes la chica ausente me llamó y me preguntó:
-¿Qué le dijeron a la profesora?
Le dije:
Bueno, creo que le avisaron que un pariente tuyo había muerto.
Ya en la clase.
Ella llegó vestida de negro, sin maquillaje, con la mirada triste y sola, sus ojos estaban rojos y creo que hasta la nariz, que parecía que había llorado bastante. Me quedé perpleja cuando la vi.
Si no hubiese sido yo la que le da el mensaje, juro que le hubiese dado el pésame, con el dolor que se merecía.
Lo que hice al final de la clase fue felicitarla.
¡Felicidades! Sabes hacer muy bien tu papel, le dije, y me retiré. Se quedó tan perpleja como yo, cuando la vi.
En uno de los números de nacional geographic del año pasado, salió un reportaje muy interesante sobre La memoria: ¿por qué olvidamos, por qué recordamos?
El reportaje te atrapa desde el título, hasta el punto final. Abarca historias, de personas que sufren un virus llamado herpes simple, que con el tiempo, hace que desaparezca casi toda la memoria de quien lo padece; convierte sus cerebros en una cámara de video a la que no le funciona la cabeza. Ve pero no graba.
Otras que poseen una memoria fuera de lo común, llegan a recordar casi todos los días de su vida quizás desde los 11 años. Y eso sí que es sorprendente.
Vivimos de los recuerdos, y por medio de la memoria, es que permanecemos cerca de nuestros seres queridos.
Y me pregunto. ¿Tiene sus ventajas perder la memoria? ¿No tener recuerdos? Empezar a ver una película, y por lo general olvidar el titulo que acabamos de leer. Quedarse totalmente fuera del tiempo, no tener que fluir la conciencia, atrapado en un limbo de un presente eterno, entre un pasado que no se puede recordar y un futuro que no puede contemplar?, tener una vida sedentaria, completamente libre de preocupaciones?
Quizás sí, se está contento todo el tiempo. Sin estrés en su vida. Pero en el fondo creo que a mi, me vendría mal olvidar, no concibo la vida sin los recuerdos, vivo de ellos.
Por eso pude recordar que había puesto candado a mis raíces, y ha llegado el día de quitarlos. He regresado. Menos herida, más decidida, y más poeta. Con un baúl de recuerdos que voy a contar. Desde hoy, seré yo y mis consecuencias.
P.D.: Gracias a todos los que dejaron sus huellas en mi correo, durante mi ausencia, reitero mi aprecio. Un besote enorme.
Nota: Les recomiendo que lean el número del mes de noviembre de 2007, de National Geographic. Ahí encontrarán el reportaje del cual hago referencia.
2da P.D: Ya pagué los impuestos del blog!!!!



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