(…Esto lo escribí hace tres años y tal parece que se me fue el tiempo buscando cuándo publicarlo…).

cafegotaleche

 

 

 

 

 

 

Me atreví…le envié un mail, invitándolo a tomar un café. Dándole la oportunidad de que eligiera el lugar, el día y de paso la hora. Estaba consciente de que era dificil obtener una respuesta suya pero decidí esperar.

Era algo simple; y aunque suene extraño estaba dispuesta a recibir un no como respuesta. Lo conozco hace tiempo y sé que sus respuestas son pocas y las guarda para sí mismo. Osea que si decidía salir yo tendría que adivinarlo.

Asi como un día tuve que adivinar que le gustaba, que me queria y que se iba. Pero era parte de la costumbre de tenerlo cerca.  Tal como leí en algún lugar “Nuestra relación tiene leyes inviolables impuestas por la costumbre” .

No recuerdo exactamente cuánto tiempo pasó para saber al menos si el dichoso mail había llegado. Pero si recuerdo que esperé mucho tiempo para saber de él y sus respuestas.

Mientras tanto leía vez tras vez el poema “Te espero”, de Benedetti.

Cualquiera se preguntaría, incluyendo mi mejor amiga (Virginia), ¿De dónde sacaba la calma para esperar un simple sí o peor aún un no?. Y hasta yo me lo pregunto, pero a diferencia de los demás tengo la respuesta a esa pregunta:

Lo quiero, y los momentos que pasamos recompensan todos esos días de espera en los que no sé nada de él. Lo conozco y sé que aunque yo sufra esta distancia como si fuera un viaje a pie alrededor del mundo. Cuando el está a mi lado me hacer saber lo que siente, lo noto en sus ojos, decide por los dos y me deja convencida, sin dudas; y más aún: me quedo en espera de nuestro próximo encuentro.

El día menos esperado nos tomamos el café; recién colado por cierto. Una nube gris lo trajo a mi. Y allí, no hizo falta más nada.

Demry