Diario, Nostalgias

En zapatos ajenos!

Soy el miércoles en mi familia. Es decir, la hija del medio. Ah y la única chica en casa. No crecí con una hermana a la que pudiera tomarle la ropa prestada, con quien discutir por no encontrar mi cartera, mi labial o alguna bufanda especial. Aunque muchos dicen que es una fortuna ser la única hembra en casa, a veces encontramos sus desventajas.

Cabe aclarar que cuando voy a casa de mi amiga Raquel, y la veo desesperada porque su blusa negra no aparece o sus zapatos de tacón se los llevó Ruth-obvio que agradezco al cielo ser la niña de los ojos en mi familia.

Ponernos en zapatos ajenos significa tener una hermana en casa que calze con nosotros, una madre apoyadora, una amiga que a la vez sea tu vecina. Pero es también sentir por un momento, como piensa el otro. Ver las cosas desde la perspectiva del otro. A lo mejor has vivido una situación difícil, un conflicto, un desamor, un mal entendido. Y te haces preguntas que todos nos hacemos. ¿Por qué conmigo? ¿Qué los hace actuar así? ¿Por qué no me acepta? ¿Qué motivos tiene para …? Muchas de esas preguntas se responden cuando nos ponemos en los mocasines ajenos. Ahí es cuando nos damos cuenta que a lo mejor el dueño de los mocasines tiene una situación difícil en casa, un mal día, o un corazón roto. No quiero provocar conflictos entre hermanos o hermanas; pero hoy insto a todos que ante cualquier situación o ante miles de preguntas nos pongamos por un minuto los zapatos ajenos!

Aclararás muchas dudas que te harán crecer, entender y amar a los demás tal como son en realidad.

Buena Suerte!

Demry 😀

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Benedetti, Diario, Nostalgias

Certificado de la In-existencia!

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Sólo a 3 personas he llorado con honda amargura y locura. De tal forma y con tal locura con que sólo se ama y se llora.

Primero mi abuela paterna: Venecia. Se fué una madrugada de abril dejándome esa tristeza honda, de esas inexplicables porque cuando te quedas en el aire pensando lo vivido a su lado, una sonrisa se dibuja en tu cara, adornando tu boca y al abrir tus ojos y darte cuenta que se ha ido, tus lagrimones rocían tu rostro.

Me dejó esperando al día siguiente que tarareara mi/su canción <ese lunar que tienes cielito lindo junto a tu boca, no se lo des a nadie cielito lindo que a mi me toca>

Me dejó incompleta, porque estoy segura que se llevó algo de mí.

J.E (jotae) me dejó después. Puedo decir con total seguridad que aún no me repongo. Y es que cómo se le puede llamar reparo si cuando lo sueño lloro amargamente. Es que nos faltaron tantas cosas por compartir, por discuti por reir. Apenas iniciaba la vida para el.

Se fue, y aunque no me conformo, ni me alegro, ni lo acepto (y que Dios me perdone) Al dejarnos me dejó pisando más la tierra. Hay cosas a las que no me apego, situaciones que ya no me preocupan. Me quedó esa confirmación de que hay que amar la familia, demostrar afecto, hay que adherirse a Dios, hay que fijarse en lo que en realidad importa. Hay que “dejarse de vainas” y VALORAR las personas, los momentos- darse cuenta que lo material  “no vale un centavo” que la vida es un tesoro, un milagro de Dios para nosotros.

El último en irse fue Benedetti. No quisiera alardear, pero era mi viejito. Y para estar cuerda a esta edad Dios no permitió que le conociera personalmente. Mario me enseñó a notar tantos detalles, a disfrutar el silencio, a vivir las alegrías.

Era tan ¨cursi¨como yo y por eso en sus poemas encuentro todo lo que siento y lo que debo decir. Me ha influenciado lo sé;  porque cuando pienso muchas veces lo hago como él, aunque tenga que citarlo. Cuando lo leo, me río y claro otras tantas veces: lloro.

En el momento en que supe que murió, debo admitirlo: cai en shock. Y no pude asimilarlo, sino 3 horas más tarde mientras encontraba actualizaciones en la web, sobre su muerte. Lo lloré como un abuelo ido, asi como lo describió un amigo poeta. Esa madrugada descubrí todo lo que había hecho en mi Benedetti. Ahora todas las noches me gusta leer algunas líneas de sus poemas para recordar que vive en sus versos.

Ah ya lo olvidaba. La idea era también escribir sobre la locura con la que he amado. Si, locura- esa de la que tanto hablan los poetas y las novelas. La de los nervios, el cuerpo acalambrado, la intensidad de los besos, las manos frías. Ese vivir en las nubes, como si tuviéramos un ascensor que nos lleva y nos trae. Pero sucede que al final esa locura que abraza el amor siempre está de acuerdo con la muerte, aunque sólo especifique que se trata de morir de amor.

Y cuando me doy cuenta de ello me quedo pensando:

¿Será que el amor ya supo lo que escribió Benedetti? <Vivir/ después de todo, no es tan fundamental> (Certificado de existencia, M.B)